Espectáculo: 11 & 12
Compañía: Théatre des Bouffes du Nord
Lugar: Barbican Centre, Londres
Fecha: 17 Febrero 2010
Dirección: Peter Brook
Qué decir de “11 & 12”, el último espectáculo de Peter Brook. Supongo que al tratarse de mi primera obra de tan renombrado director me es difícil ser imparcial, e imposible comparar con otros trabajos suyos, de modo que adivino que esto más que una crítica va a ser un repaso estudiantil de la teoría y práctica de Brook. Si algo me ha gustado de “11 & 12” es que he descubierto que es posible, que todo aquello que estudié sobre él no es palabrería, él lo hace. Brook planta en escena su “escenario vacío” y lo llena de varones de diferentes nacionalidades, distintos acentos, distintos colores, que interpretan cualquier papel posible con la naturalidad y maestría del buen actor. Stanislavski perfectamente aplicado en la interpretación y un poco de Brech y su distanciamiento en el espectáculo. La obra era conducida por el actor principal, quien tan pronto narraba su propia historia directamente al público como participaba de la acción en escena. La historia, tan simple que nadie diría que se pudiese hacer una obra de ella, versaba sobre la discusión sobre si cierto rezo debía ser repetido 11 ó 12 veces. No obstante, el argumento iba más allá, tratando temas como el colonialismo francés en África, la violencia y la verdadera tolerancia.
La música en directo y una mezcla de colores un tanto extraña, aunque acertada, creaban la estética cálida, acogedora e inmensa de la escena. La obra acabó de forma inesperada, creando un silencio en el público que duró algo más de dos minutos. Dos minutos de perplejidad, dos minutos de no saber qué había pasado exactamente, si eso era el final o si los actores volverían a aparecer en la escena todavía iluminada. Dos minutos de recogimiento, de expectación ante lo que había pasado. Los aplausos estallaron al poco, no demasiado entusiastas, no demasiado largos. Puedo asegurar que no ha sido la mejor obra de mi vida, desde luego, pero quizá sí una de las llamémoslas “experiencias teatrales” más importantes. Ver la teoría puesta en práctica sin excesiva traición es causa de admiración, y si el efecto en la audiencia es el que el director desea, en ese caso uno no tiene más que quitarse el sombrero, fuera o no una gran obra, la maestría de su dirección y el equipo de des Bouffes du Nord es innegable.
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