martes, 10 de mayo de 2011

Salomé

Espectáculo: Salomé
Compañía: Headlong and Curve Theatre
Dramaturgo: Oscar Wilde
Lugar: Hampsted Theatre, Londres
Fecha: 28/06/2010
Dirección: Jamie Lloyd
Reparto: Zawe Ashton, Richard Cant, Vyelle Croom, Sam Donovan, Jaye Griffiths, Con O’Neill, Nitzan Sharron, Tom Byam Shaw, Seun Shote, Tim Steed.


La “Salomé” de Oscar Wilde debe ser, sin duda, una pieza difícil. De ahí de que las dos veces que la he visto llevar a escena esta obra ninguna de ellas haya conseguido cautivarme, lo que sí hace el texto por sí solo. Si bien el primer montaje al que asistí, con María Adánez y Millán Salcedo, fue espantoso, esta producción de Headlong and Curve Theatre se acerca algo más a lo delicioso de montar esta creación de Wilde.

La estética elegida para esta puesta en escena es la consabida y grisácea imagen que dan los pantalones y botas militares de los que parece haberse apropiado el teatro contemporáneo. Además de eso, el escenario estaba lleno de goma quemada, asfalto y líquidos químicos varios. Trajes llenos de grasa y andamios donde se situaban las luces y entre los que “jugaban” los actores.

Pese a que pintaba estar muy bien, en la primera parte –hasta llegar a la danza danza de los siete velos de la princesa al Patriarca-, la interpretación de los actores era, aunque no mala, sí cuestionable. Demasiadas revoluciones por segundo, demasiada rapidez, un ritmo excesivo que hacía perder todo sentido poético al texto. Así mismo, el enfoque elegido para la sensual Salomé distaba mucho de ser sensual, sino que caía en una voluptuosidad vulgar poco creíble a la par que irrisoria y de mal gusto.

La cosa se fue arreglando con la aparición del Patriarca y Herodías, ambos ataviados con los grasientos monos de mecánico que lucen todos los personajes, pero con el a ñadido de llevar las caras maquilladas a modo de mimos. El Patriarca y Herodías, esa extraña pareja que por alguna razón recuerdan en esta producción a Ubú y su esposa. Si cabe destacar la pieza clave de esta producción es, sin duda, el actor que interpreta a Herodes. Todo el deseo, lujuria y poder de este personaje se traducen en una marcada bisexualidad, se nos muestra un Patriarca atraído tanto como por la Salomé de sus sueños y pecado como por sus propios soldados.
La danza de la deliciosa Salomé pone sin duda punto y aparte en la obra. Pese a tratarse de una danza vulgar muy lejos de la lujuria sofisticada que la danza de los siete velos pueda suscitar, este baile hosco e implícitamente sexual durante el cual el Patriarca se deleita con la mano dentro de su pantalón y Herodías se repugna ante la lascivia de su hija, es sin duda una visión diferente y, por qué no, acertada de la historia clásica. A partir de aquí, la lasciva y demasiado adolescente Salomé transforma su interpretación para pasar a ser la caprichosa y enloquecida mujer que pide a gritos la cabeza de Jokaanan.
Durante toda la representación se juega con líquidos en los cuerpos de los actores: alquitrán, sangre o incluso un Jokaanan bañado en plata. La escena final, con Salomé al borde del escenario besando los labios sin vida del profeta, merece sin duda el aplauso y hace olvidar, aunque no perdonar del todo, los fallos de la primera parte.

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