Espectáculo: Really Old, like Forty Five
Director: Anna Mackmin
Dramaturgo: Tamsin oglesby
Lugar: Cottesloe Theatre, National Theatre, Londres.
Fecha: 9 Marzo 2010
El Cottesloe Theatre, la más versátil y pequeña de las tres salas del Royal National Theatre acoge desde enero la producción “Really Old, like Forty Five”. Esta obra se desarrolla y narra en dos niveles. Sobre el escenario se cuenta la historia de miembros más o menos cercanos de una misma familia y cómo se enfrentan a problemas como el envejecimiento y la muerte, entre otros. En un segundo piso, un grupo de científicos rodeado de pantallas y ordenadores investiga cómo acabar con los problemas que el número en aumento de ancianos en nuestras sociedad acarrea.
Si bien la primera parte del espectáculo hace pensar que no se trata de nada maravilloso, sino simplemente de una obra correcta, uno de esos espectáculos quizá sólo posibles en Inglaterra, a cuyo público de teatro lo mismo le da quedarse en casa leyendo que pasar una tarde amena en el National Theatre, la segunda llega a cortar la respiración del espectador por algunos segundos. Si bien durante la primera parte los actores dejaban no mucho, pero sí algo que desear, en la segunda, y en caliente, presenciamos una interpretación intachable. En esta segunda parte, la crudeza de la muerte, la enfermedad, el embarazo no deseado de una adolescente y el temor a envejecer se mezclan con la presencia de una enfermera-robot muy conseguida, que hace reír sin remedio al público cuando más de uno ya se creía a la puerta de las lágrimas. La interpretación junto con la mejoría de la historia conforme se acerca el final hacen que el espectador deje el teatro con la sensación de haber visto algo valioso.
martes, 10 de mayo de 2011
Spring Storm
Espectáculo: Spring Storm (Tormenta de Primavera)
Producida por The National Theatre y the Royal & Derngate Northampton Theatre
Dramaturgo: Tennesse Williams
Lugar: Nacional Theatre, Londres
Fecha: 28/04/2010
Dirección: Laurie Sansom
Reparto: Liz White, Michael Thomson, Janice McKenzie, Michael Malarkey, Anna Tolputt, Jacqueline King, Joanna Bacon, James Jordan, Gavin harrison, Janice McKenzie, Ailish Symons y Steven France.
En la primera parte de la obra de Tennesse Williams se introduce la historia de una chica de buena familia, un hombre inquieto y aventurero, un amor, otro hombre que traduce su odio en amor. Tenemos ante nosotros a un amante frente a un admirador extraño y desesperado. En la segunda parte será donde se desaten las pasiones, ella ha de decidir a quién ama y a quién sigue. El argumento se hila gracias a las tormentas de primavera que llueven durante la obra, tormentas de agua que lloverán sobre tormentas de sentimientos. Los relámpagos y la vida tienen mucho que ver en la obra de Tennesse. En paralelo a la historia principal se nos cuenta la tragedia de la bibliotecaria de esta pequeña ciudad en el sur de Estados Unidos. Ella es una joven marchita que nunca conoció el amor más que de mano de los libros.
El montaje de Spring Storm del Northampton Theatre con la colaboración del Nacional Theatre diferencia claramente estas dos partes, centrando la atención en lo narrativo en la primera parte y dejando caer todo el peso simbólico de la puesta en escena en la segunda, donde la violencia se desata cual tormenta de primavera. Laurie Sansom ha sabido dirigir de forma brillante esta obra que el escribió un joven Tennesse cuando aún estudiaba en la universidad. La única posible objeción es que la dirección actoral haya pecado precisamente del texto mismo. Hay dos o tres momentos en los que la representación pedía un poco de respiro, un silencio algo más largo, una tensión no apoyada en las palabras sino potenciada por la atmósfera misma.
El montaje en sí cuenta con algunas ideas brillantísimas, como el uso de una casa derribada como elemento central de una escenografía cargada de objetos ajados tirados aquí y allá. Un decorado que nos enseña que la destrucción puede convertirse en cualquier lugar. La otra idea genial es que cuando Dick llega para dar el ultimátum a Heavenly –te unes a mí o nos separamos para siempre-, él aparece completamente manchado de grasa, mientras que ella luce un vestido virginalmente blanco. Además del contraste suciedad-pureza que esto sugiere, el abrazo y el ruego violento de él mancharán el vestido y el rostro de ella, contaminando su imagen como contaminado está su corazón. Otros puntos fuertes de la obra son, sin duda, la escena de la biblioteca y el beso de Arthur y Heavenly, interrumpido por el sonido del teléfono que comunica el asesinato.
Probablemente sea la escena de la bibliotecaria y Dick la mejor conseguida de toda la representación. Su inicio y su final quedan encuadrados por un cambio en el decorado que al que colaboran todos los personajes, éstos se lanzan libros unos a otros hasta construir la biblioteca sobre dos estantes y un andamio. La muerte de la joven bibliotecaria se acompaña de la brutal caída de los estantes.
El uso de la música, prácticamente presente durante toda la obra con unas melodías dulces más propias de la alegría que del dolor, consigue resaltar el dolor de las escenas de angustia, de lucha por el amor y la vida en este pequeño pueblo del Mississippi.
Ya al final de esta tragedia de amor y primavera, los hombres huyen, el amor se escapa, la caprichosa o enamoradiza Heavenly se resigna a que sigan cayendo la lluvia y los relámpagos.
Producida por The National Theatre y the Royal & Derngate Northampton Theatre
Dramaturgo: Tennesse Williams
Lugar: Nacional Theatre, Londres
Fecha: 28/04/2010
Dirección: Laurie Sansom
Reparto: Liz White, Michael Thomson, Janice McKenzie, Michael Malarkey, Anna Tolputt, Jacqueline King, Joanna Bacon, James Jordan, Gavin harrison, Janice McKenzie, Ailish Symons y Steven France.
En la primera parte de la obra de Tennesse Williams se introduce la historia de una chica de buena familia, un hombre inquieto y aventurero, un amor, otro hombre que traduce su odio en amor. Tenemos ante nosotros a un amante frente a un admirador extraño y desesperado. En la segunda parte será donde se desaten las pasiones, ella ha de decidir a quién ama y a quién sigue. El argumento se hila gracias a las tormentas de primavera que llueven durante la obra, tormentas de agua que lloverán sobre tormentas de sentimientos. Los relámpagos y la vida tienen mucho que ver en la obra de Tennesse. En paralelo a la historia principal se nos cuenta la tragedia de la bibliotecaria de esta pequeña ciudad en el sur de Estados Unidos. Ella es una joven marchita que nunca conoció el amor más que de mano de los libros.
El montaje de Spring Storm del Northampton Theatre con la colaboración del Nacional Theatre diferencia claramente estas dos partes, centrando la atención en lo narrativo en la primera parte y dejando caer todo el peso simbólico de la puesta en escena en la segunda, donde la violencia se desata cual tormenta de primavera. Laurie Sansom ha sabido dirigir de forma brillante esta obra que el escribió un joven Tennesse cuando aún estudiaba en la universidad. La única posible objeción es que la dirección actoral haya pecado precisamente del texto mismo. Hay dos o tres momentos en los que la representación pedía un poco de respiro, un silencio algo más largo, una tensión no apoyada en las palabras sino potenciada por la atmósfera misma.
El montaje en sí cuenta con algunas ideas brillantísimas, como el uso de una casa derribada como elemento central de una escenografía cargada de objetos ajados tirados aquí y allá. Un decorado que nos enseña que la destrucción puede convertirse en cualquier lugar. La otra idea genial es que cuando Dick llega para dar el ultimátum a Heavenly –te unes a mí o nos separamos para siempre-, él aparece completamente manchado de grasa, mientras que ella luce un vestido virginalmente blanco. Además del contraste suciedad-pureza que esto sugiere, el abrazo y el ruego violento de él mancharán el vestido y el rostro de ella, contaminando su imagen como contaminado está su corazón. Otros puntos fuertes de la obra son, sin duda, la escena de la biblioteca y el beso de Arthur y Heavenly, interrumpido por el sonido del teléfono que comunica el asesinato.
Probablemente sea la escena de la bibliotecaria y Dick la mejor conseguida de toda la representación. Su inicio y su final quedan encuadrados por un cambio en el decorado que al que colaboran todos los personajes, éstos se lanzan libros unos a otros hasta construir la biblioteca sobre dos estantes y un andamio. La muerte de la joven bibliotecaria se acompaña de la brutal caída de los estantes.
El uso de la música, prácticamente presente durante toda la obra con unas melodías dulces más propias de la alegría que del dolor, consigue resaltar el dolor de las escenas de angustia, de lucha por el amor y la vida en este pequeño pueblo del Mississippi.
Ya al final de esta tragedia de amor y primavera, los hombres huyen, el amor se escapa, la caprichosa o enamoradiza Heavenly se resigna a que sigan cayendo la lluvia y los relámpagos.
Salomé
Espectáculo: Salomé
Compañía: Headlong and Curve Theatre
Dramaturgo: Oscar Wilde
Lugar: Hampsted Theatre, Londres
Fecha: 28/06/2010
Dirección: Jamie Lloyd
Reparto: Zawe Ashton, Richard Cant, Vyelle Croom, Sam Donovan, Jaye Griffiths, Con O’Neill, Nitzan Sharron, Tom Byam Shaw, Seun Shote, Tim Steed.
La “Salomé” de Oscar Wilde debe ser, sin duda, una pieza difícil. De ahí de que las dos veces que la he visto llevar a escena esta obra ninguna de ellas haya conseguido cautivarme, lo que sí hace el texto por sí solo. Si bien el primer montaje al que asistí, con María Adánez y Millán Salcedo, fue espantoso, esta producción de Headlong and Curve Theatre se acerca algo más a lo delicioso de montar esta creación de Wilde.
La estética elegida para esta puesta en escena es la consabida y grisácea imagen que dan los pantalones y botas militares de los que parece haberse apropiado el teatro contemporáneo. Además de eso, el escenario estaba lleno de goma quemada, asfalto y líquidos químicos varios. Trajes llenos de grasa y andamios donde se situaban las luces y entre los que “jugaban” los actores.
Pese a que pintaba estar muy bien, en la primera parte –hasta llegar a la danza danza de los siete velos de la princesa al Patriarca-, la interpretación de los actores era, aunque no mala, sí cuestionable. Demasiadas revoluciones por segundo, demasiada rapidez, un ritmo excesivo que hacía perder todo sentido poético al texto. Así mismo, el enfoque elegido para la sensual Salomé distaba mucho de ser sensual, sino que caía en una voluptuosidad vulgar poco creíble a la par que irrisoria y de mal gusto.
La cosa se fue arreglando con la aparición del Patriarca y Herodías, ambos ataviados con los grasientos monos de mecánico que lucen todos los personajes, pero con el a ñadido de llevar las caras maquilladas a modo de mimos. El Patriarca y Herodías, esa extraña pareja que por alguna razón recuerdan en esta producción a Ubú y su esposa. Si cabe destacar la pieza clave de esta producción es, sin duda, el actor que interpreta a Herodes. Todo el deseo, lujuria y poder de este personaje se traducen en una marcada bisexualidad, se nos muestra un Patriarca atraído tanto como por la Salomé de sus sueños y pecado como por sus propios soldados.
La danza de la deliciosa Salomé pone sin duda punto y aparte en la obra. Pese a tratarse de una danza vulgar muy lejos de la lujuria sofisticada que la danza de los siete velos pueda suscitar, este baile hosco e implícitamente sexual durante el cual el Patriarca se deleita con la mano dentro de su pantalón y Herodías se repugna ante la lascivia de su hija, es sin duda una visión diferente y, por qué no, acertada de la historia clásica. A partir de aquí, la lasciva y demasiado adolescente Salomé transforma su interpretación para pasar a ser la caprichosa y enloquecida mujer que pide a gritos la cabeza de Jokaanan.
Durante toda la representación se juega con líquidos en los cuerpos de los actores: alquitrán, sangre o incluso un Jokaanan bañado en plata. La escena final, con Salomé al borde del escenario besando los labios sin vida del profeta, merece sin duda el aplauso y hace olvidar, aunque no perdonar del todo, los fallos de la primera parte.
Compañía: Headlong and Curve Theatre
Dramaturgo: Oscar Wilde
Lugar: Hampsted Theatre, Londres
Fecha: 28/06/2010
Dirección: Jamie Lloyd
Reparto: Zawe Ashton, Richard Cant, Vyelle Croom, Sam Donovan, Jaye Griffiths, Con O’Neill, Nitzan Sharron, Tom Byam Shaw, Seun Shote, Tim Steed.
La “Salomé” de Oscar Wilde debe ser, sin duda, una pieza difícil. De ahí de que las dos veces que la he visto llevar a escena esta obra ninguna de ellas haya conseguido cautivarme, lo que sí hace el texto por sí solo. Si bien el primer montaje al que asistí, con María Adánez y Millán Salcedo, fue espantoso, esta producción de Headlong and Curve Theatre se acerca algo más a lo delicioso de montar esta creación de Wilde.
La estética elegida para esta puesta en escena es la consabida y grisácea imagen que dan los pantalones y botas militares de los que parece haberse apropiado el teatro contemporáneo. Además de eso, el escenario estaba lleno de goma quemada, asfalto y líquidos químicos varios. Trajes llenos de grasa y andamios donde se situaban las luces y entre los que “jugaban” los actores.
Pese a que pintaba estar muy bien, en la primera parte –hasta llegar a la danza danza de los siete velos de la princesa al Patriarca-, la interpretación de los actores era, aunque no mala, sí cuestionable. Demasiadas revoluciones por segundo, demasiada rapidez, un ritmo excesivo que hacía perder todo sentido poético al texto. Así mismo, el enfoque elegido para la sensual Salomé distaba mucho de ser sensual, sino que caía en una voluptuosidad vulgar poco creíble a la par que irrisoria y de mal gusto.
La cosa se fue arreglando con la aparición del Patriarca y Herodías, ambos ataviados con los grasientos monos de mecánico que lucen todos los personajes, pero con el a ñadido de llevar las caras maquilladas a modo de mimos. El Patriarca y Herodías, esa extraña pareja que por alguna razón recuerdan en esta producción a Ubú y su esposa. Si cabe destacar la pieza clave de esta producción es, sin duda, el actor que interpreta a Herodes. Todo el deseo, lujuria y poder de este personaje se traducen en una marcada bisexualidad, se nos muestra un Patriarca atraído tanto como por la Salomé de sus sueños y pecado como por sus propios soldados.
La danza de la deliciosa Salomé pone sin duda punto y aparte en la obra. Pese a tratarse de una danza vulgar muy lejos de la lujuria sofisticada que la danza de los siete velos pueda suscitar, este baile hosco e implícitamente sexual durante el cual el Patriarca se deleita con la mano dentro de su pantalón y Herodías se repugna ante la lascivia de su hija, es sin duda una visión diferente y, por qué no, acertada de la historia clásica. A partir de aquí, la lasciva y demasiado adolescente Salomé transforma su interpretación para pasar a ser la caprichosa y enloquecida mujer que pide a gritos la cabeza de Jokaanan.
Durante toda la representación se juega con líquidos en los cuerpos de los actores: alquitrán, sangre o incluso un Jokaanan bañado en plata. La escena final, con Salomé al borde del escenario besando los labios sin vida del profeta, merece sin duda el aplauso y hace olvidar, aunque no perdonar del todo, los fallos de la primera parte.
Romeo and Juliet (Ballet)
Espectáculo: Romeo and Juliet
Compañía: The Royal Ballet
Dirección: Dame Monica Mason
Coreografía: Kenneth MacMillan
Lugar: Royal Opera House, Londres
Fecha: 6 Marzo 2010
Es difícil escribir sobre este espectáculo cuando en realidad no soy lo que se dice público de ballet. No obstante, creo que como espectadora de artes escénicas en general puedo cuanto menos opinar sobre lo sucedido hoy en el escenario de la Royal Opera House de Covent Garden, en el corazón de Londres.
El clásico “Romeo y Julieta” ha sido sabiamente traducido en pasos de baile por la Royal Ballet Company. Medios impecables y teatro lleno, qué decir de eso. Es impresionante el hecho de que se cuelgue cada día el “no hay entradas”, cuando la Royal Opera House no ofrece precisamente espectáculos asequibles a todos los bolsillos, sino que se trata más bien de un clásico divertimento de las clases altas londinenses.
En cuanto al espectáculo, todo ha sido perfecto salvo uno o dos detalles. Bailarines magníficos, escenografía grandiosa y vestuario cuidado al detalle. La primera parte dejó boquiabierto a un público que casi olvida que había venido a ver “Romeo y Julieta” para sumergirse e hipnotizarse con las coreografías y los pasos de ballet clásico. La segunda y tercera parte, que perfectamente podían haber sido una si en este país no existiera la maravillosa costumbre de comer helados y beber champán en los descansos, fueron más narrativas, disminuyendo en ellas los números de baile e incrementando la narración mimada de la historia de los amantes de Verona. No obstante, pese a lo cuidado y sofisticado de la escena y la caracterización en general, cabría señalar el fallo cometido con el personaje fraile, cuya apariencia caía en lo tópico y caricaturesco, rompiendo de forma desafortunada con la estética y elegancia del espectáculo.
Fallos aparte, el punto álgido de esta pieza de ballet fue, sin duda, la danza del desesperado Romeo con el supuesto cadáver de su amada. Si bien antes bailó con ella en vida bajo el balcón de los Capuleto, la inmovilidad del cuerpo de Julieta convierte esta danza de cementerio en un baile muerto y en desolado espectáculo. Julieta no responde a los giros ni las piruetas de su amante, por lo que Romeo decide que es mejor no estar vivo. Cabe destacar también la representación de la muerte a puñal de Julieta, quien se clava el puñal estando en el extremo opuesto del escenario al que descansa el cadáver de su amado, lo que hace inmediatamente al público pensar porqué no mueren juntos. Pero, por supuesto, Julieta no se dejará morir alejada del cuerpo que ama, sino que se arrastra desangrándose en escena hasta que alcanza el cuerpo que más desea y más la ha deseado a ella.
Compañía: The Royal Ballet
Dirección: Dame Monica Mason
Coreografía: Kenneth MacMillan
Lugar: Royal Opera House, Londres
Fecha: 6 Marzo 2010
Es difícil escribir sobre este espectáculo cuando en realidad no soy lo que se dice público de ballet. No obstante, creo que como espectadora de artes escénicas en general puedo cuanto menos opinar sobre lo sucedido hoy en el escenario de la Royal Opera House de Covent Garden, en el corazón de Londres.
El clásico “Romeo y Julieta” ha sido sabiamente traducido en pasos de baile por la Royal Ballet Company. Medios impecables y teatro lleno, qué decir de eso. Es impresionante el hecho de que se cuelgue cada día el “no hay entradas”, cuando la Royal Opera House no ofrece precisamente espectáculos asequibles a todos los bolsillos, sino que se trata más bien de un clásico divertimento de las clases altas londinenses.
En cuanto al espectáculo, todo ha sido perfecto salvo uno o dos detalles. Bailarines magníficos, escenografía grandiosa y vestuario cuidado al detalle. La primera parte dejó boquiabierto a un público que casi olvida que había venido a ver “Romeo y Julieta” para sumergirse e hipnotizarse con las coreografías y los pasos de ballet clásico. La segunda y tercera parte, que perfectamente podían haber sido una si en este país no existiera la maravillosa costumbre de comer helados y beber champán en los descansos, fueron más narrativas, disminuyendo en ellas los números de baile e incrementando la narración mimada de la historia de los amantes de Verona. No obstante, pese a lo cuidado y sofisticado de la escena y la caracterización en general, cabría señalar el fallo cometido con el personaje fraile, cuya apariencia caía en lo tópico y caricaturesco, rompiendo de forma desafortunada con la estética y elegancia del espectáculo.
Fallos aparte, el punto álgido de esta pieza de ballet fue, sin duda, la danza del desesperado Romeo con el supuesto cadáver de su amada. Si bien antes bailó con ella en vida bajo el balcón de los Capuleto, la inmovilidad del cuerpo de Julieta convierte esta danza de cementerio en un baile muerto y en desolado espectáculo. Julieta no responde a los giros ni las piruetas de su amante, por lo que Romeo decide que es mejor no estar vivo. Cabe destacar también la representación de la muerte a puñal de Julieta, quien se clava el puñal estando en el extremo opuesto del escenario al que descansa el cadáver de su amado, lo que hace inmediatamente al público pensar porqué no mueren juntos. Pero, por supuesto, Julieta no se dejará morir alejada del cuerpo que ama, sino que se arrastra desangrándose en escena hasta que alcanza el cuerpo que más desea y más la ha deseado a ella.
The Whisky Taster
Espectáculo: The Whisky Taster
Compañía: The Alternative Theatre Company (Bush Theatre)
Dramaturgo: James Graham
Lugar: Bush Theatre, Londres
Fecha: 03/02/2010
Dirección: James Grieve
Reparto:
Samuel Barnett, Chirs Larkin, Simon Merrells, Kate O´Flyn and John Stahl.
No sé si el sentimiento de euforia teatral desde que viene a Londres tiene que ver con los espectáculos o con los espacios. El descubrimiento del Royal Albert Hall la semana pasada sin duda engrandeció el espectáculo del Circo del Sol. Esta semana, el pequeño teatro de barrio de Shepherd´s Bush, el Bush Theatre, ha vuelto a conquistarme. Una sala diminuta y escandida entre un gran pub irlandés y otra sala de espectáculos masas patrocinada por O2. La sala no es más que un espacio cuadrado habilitado de manera que se pueda variar la disposición escenario-público como la obra requiera. Sus pequeñas dimensiones (solo caben unos 70 espectadores por espectáculos) hacen que la experiencia teatral cobre cercanía y magia.
El Bush Theatre acogía esta noche “The Whisky Taster” , de James Graham. James es un muy joven dramaturgo que, como otros, inició su carrera escribiendo para teatros de la capital. La obra trata de un joven agente de publicidad sinestésico, que ve lo que saborea y siente lo que escucha. Una copa de vodka para él será gris, verde o azul. Un poco de whiskey sabrá a Noviembre, los colores de las líneas del metro del Londres personificarán la perfección. Él joven se enamora de su compañera de trabajo, una chica inglesa (de esas que hablan muy muy rápido y a las que a los extranjeros nos es casi imposible entender) desenvuelta y elocuente, pero comprometida en matrimonio y sin haberse fijado nunca sexualmente en el joven. El joven, que además de sinestésico es extremadamente tímido, necesitará el empujón de un catador de whisky recién llegado de Escocia para lanzarse y mostrar sus sentimientos a la chica.
“The Whisky Taster” se vale de cuatro personajes para contarnos su historia: el joven, la chica, el catador de whisky y el jefe de la agencia de publicidad. Cada personaje –y cada actor- brilla por su marcada personalidad y caracterización. El actor que interpreta al joven sinestésico muestra desde el principio su doble cara de compañero y enamorado, con rasgos casi femeninos que luego tomarán relevancia. Ella, entusiasta y locuaz, es capaz de intentar engañar a los demás personajes, pero no al público que lee en sus ojos y sus cigarros todos sus sentimientos. En cuanto al catador de whisky, cuando aparece en escena con su falda escocesa, sus piernas peludas y su marcado acento escocés, uno se da cuenta de por qué han etiquetado la obra de “comedia”. En resumidas cuentas, un trabajo actoral intachable, un texto bastante bueno –con momentos de sobresaliente, como el monólogo del protagonista sobre el plano de las líneas del metro de Londres–, y un decorado simple, adecuado a los tiempos del teatro actual: unos tubos de neón de colores (todos ellos con los colores de las líneas del metro londinense), formando una caja en la que se desarrolla la acción. Los colores de los tubos cambiaban para intentar plasmar los sentimientos del joven sinestésico, haciendo así partícipe al público de la experiencia de colorear sabores y sentimientos.
Compañía: The Alternative Theatre Company (Bush Theatre)
Dramaturgo: James Graham
Lugar: Bush Theatre, Londres
Fecha: 03/02/2010
Dirección: James Grieve
Reparto:
Samuel Barnett, Chirs Larkin, Simon Merrells, Kate O´Flyn and John Stahl.
No sé si el sentimiento de euforia teatral desde que viene a Londres tiene que ver con los espectáculos o con los espacios. El descubrimiento del Royal Albert Hall la semana pasada sin duda engrandeció el espectáculo del Circo del Sol. Esta semana, el pequeño teatro de barrio de Shepherd´s Bush, el Bush Theatre, ha vuelto a conquistarme. Una sala diminuta y escandida entre un gran pub irlandés y otra sala de espectáculos masas patrocinada por O2. La sala no es más que un espacio cuadrado habilitado de manera que se pueda variar la disposición escenario-público como la obra requiera. Sus pequeñas dimensiones (solo caben unos 70 espectadores por espectáculos) hacen que la experiencia teatral cobre cercanía y magia.
El Bush Theatre acogía esta noche “The Whisky Taster” , de James Graham. James es un muy joven dramaturgo que, como otros, inició su carrera escribiendo para teatros de la capital. La obra trata de un joven agente de publicidad sinestésico, que ve lo que saborea y siente lo que escucha. Una copa de vodka para él será gris, verde o azul. Un poco de whiskey sabrá a Noviembre, los colores de las líneas del metro del Londres personificarán la perfección. Él joven se enamora de su compañera de trabajo, una chica inglesa (de esas que hablan muy muy rápido y a las que a los extranjeros nos es casi imposible entender) desenvuelta y elocuente, pero comprometida en matrimonio y sin haberse fijado nunca sexualmente en el joven. El joven, que además de sinestésico es extremadamente tímido, necesitará el empujón de un catador de whisky recién llegado de Escocia para lanzarse y mostrar sus sentimientos a la chica.
“The Whisky Taster” se vale de cuatro personajes para contarnos su historia: el joven, la chica, el catador de whisky y el jefe de la agencia de publicidad. Cada personaje –y cada actor- brilla por su marcada personalidad y caracterización. El actor que interpreta al joven sinestésico muestra desde el principio su doble cara de compañero y enamorado, con rasgos casi femeninos que luego tomarán relevancia. Ella, entusiasta y locuaz, es capaz de intentar engañar a los demás personajes, pero no al público que lee en sus ojos y sus cigarros todos sus sentimientos. En cuanto al catador de whisky, cuando aparece en escena con su falda escocesa, sus piernas peludas y su marcado acento escocés, uno se da cuenta de por qué han etiquetado la obra de “comedia”. En resumidas cuentas, un trabajo actoral intachable, un texto bastante bueno –con momentos de sobresaliente, como el monólogo del protagonista sobre el plano de las líneas del metro de Londres–, y un decorado simple, adecuado a los tiempos del teatro actual: unos tubos de neón de colores (todos ellos con los colores de las líneas del metro londinense), formando una caja en la que se desarrolla la acción. Los colores de los tubos cambiaban para intentar plasmar los sentimientos del joven sinestésico, haciendo así partícipe al público de la experiencia de colorear sabores y sentimientos.
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